Dinero, política y populismos

10:05 | ¿Cómo pueden entender millonarios y billonarios las necesidades de la mayoría de los ciudadanos?
Hay una relación directa entre el papel del dinero en la política y las crecientes dudas de la gente sobre la capacidad de representación de sus políticos. Esta conexión entre dinero y política está globalizada y no se limita solamente al problema de corrupción que, de hecho, también trasciende personalidades, líderes y partidos a nivel global.

Este es el problema de las notorias diferencias de ingreso entre representantes y representados: la brecha entre políticos cada vez más ricos y ciudadanos cada vez más pobres. Esta grieta, de la que no se habla, ha sido y sigue siendo una razón histórica central para entender a los populismos. El populismo hace de sus crítica de las elites un eje central de su postura anti-política.

Es necesario hablar de esto en el contexto de los próximos meses. Históricamente el fenómeno global del populismo presenta su veta democrática al participar de procesos electorales y justamente este año electoral puede tener implicancias profundas para los años venideros.

En efecto, este año presenta elecciones importantes en nuestro país y el mundo. En Argentina, por supuesto, las presidenciales de octubre. También India, España, Uruguay, Grecia e Israel entre otros elegirán a sus próximos gobiernos en los próximos meses. Y por supuesto, en Europa, las mega elecciones comunitarias de mayo que definirán si sigue la onda populista en términos ascendentes como venía hasta ahora.

En suma, estas elecciones prometen ser trascendentes, pero su trascendencia puede ir en detrimento de la pluralidad democrática y no solo si se afianza el populismo. Si se siguen eligiendo opciones personalistas cuyo nivel de vida, preocupaciones y expectativas poco tiene que ver con la vida cotidiana de gran parte de la gente se seguirá profundizando una grieta más significativa que la de nombres y figuritas. Esta es la grieta entre una clase política de millonarios y una población que obviamente no lo es.

Esto pasa en un contexto en el cual la personalidad de los candidatos reemplaza propuestas concretas. El futuro solo lo representa una persona. Así, la miseria, la injusticia y la pobreza solo pueden ser derrotadas por un mito político viviente y no por un conjunto, un menú de propuestas concretas que los ciudadanos pueden elegir o rechazar. Cuando la política se personaliza se evita hablar de diferencias y problemas más profundos que afectan la vida de la gente.

Y vale aclarar que en la mayoría de los casos del Sur y el Norte de nuestro continente estos candidatos (de izquierda o derecha) comparten un nivel de riqueza ajeno a la experiencia de la mayoría de sus electores.

En este punto, más allá de la importancia de las elecciones, muchas cosas no cambiarán en el 2019, independientemente de si ganan políticos populistas, tecnócratas o incluso anti-populistas. Lo que no va a cambiar es que, ya desde hace varias décadas, la vida de los dirigentes de los partidos que más votos obtienen es muy diferente a la del resto. Y lo mismo pasa mucha veces con sus intereses.

¿Cómo pueden entender millonarios y billonarios las necesidades de la mayoría de los ciudadanos? Autos de alta gama, mansiones y departamentos varios, vacaciones y retiros múltiples y un nivel de vida que no se ve afectado por la pobreza circundante son compartidos por oficialistas y opositores a nivel global.

Por ejemplo, en las elecciones presidenciales de varios países de nuestro hemisferio y empezando por la democracia de Estados Unidos, millonarios se enfrentan a billonarios como si las elecciones fueran un partido exclusivo entre equipos distintos de la elite. Ese fue el caso en 2012 con Barack Obama (millonario) contra Mitt Romney (billonario) y más recientemente en 2016 de Hillary Clinton (millonaria) contra Donald Trump (billonario). Los votantes se convierten en espectadores que muchas veces solo lo miran por TV.

Ahondando en el ejemplo del país del norte. En el Congreso de los EE.UU. la mayoría de sus miembros son millonarios. En promedio, la fortuna de los diputados americanos es de poco menos de un millón de dólares por diputado, y la de los senadores de más de 3 millones por cabeza. ¿Qué representa esto en relación a la población del país? En conjunto, senadores y diputados tienen en promedio, 12 veces más dinero que la familia media americana.

¿Porqué se habla tanto sobre los tweets del caudillo de la Casa Blanca y tan poco sobre estos problemas políticos estructurales? En países como Argentina valdría la pena hacer el mismo cotejo pero es claro que nuestra clase política (populistas, tecnócratas y antipopulistas) tiene en general un pasar superior al del resto.

Y sin duda la mayoría de los políticos a nivel global presenta un estilo de vida muy diferente, alejado de las duras obligaciones del trabajo cotidiano y asalariado. El mundo de la política, el dinero y el espectáculo están cada vez más relacionados, o al menos esa es la realidad que nos muestran los políticos. Pero es justamente esa cansada narrativa de mezcla de lo mundano y lo banal con el mundo de la política la que pretende demostrar que la popularidad mediática y la defensa de intereses populares son la misma cosa.

Esta demostración tiene sus convencidos y adeptos pero muchos ciudadanos piensan que esta clase de políticos adinerados no los representa y esto provoca una crisis de representación política que no se va a resolver simplemente con la elección de nombres diferentes.
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