FOCO
30-10-2018
Qué dicen las estadísticas si dicen rebote económico en 2019

13:29 | Las mejoras para el año que viene serán contra caídas del 4,2% y aún mayores. Por eso, difícilmente sean percibidas por gran parte de la población.
Las estadísticas, por si hace falta aclararlo, son una medida aproximada, imperfecta y a veces hasta engañosa de la realidad. Tanto cuando sus números dan para arriba como cuando dan para abajo.

El comentario viene a cuento de algunos pronósticos privados y unos cuantos oficiales que, estos días, ponen el comienzo del repunte económico en el segundo trimestre de 2019 y de seguido tejen especulaciones sobre los efectos electorales.

Lo primero es decir que se comparará contra una caída de la economía del 4,2%, o sea, con la del mismo período de este año. Luego, que el crecimiento debiera ser superior al 4,2% de modo de no quedar un piso más abajo que el ya bajo nivel de 2018. Y finalmente, que la mejora resultará desde muchos puntos de vista imperceptible para la mayor parte de la población.

Las estadísticas, por si hace falta aclararlo, son una medida aproximada, imperfecta y a veces hasta engañosa de la realidad. Tanto cuando sus números dan para arriba como cuando dan para abajo.

El comentario viene a cuento de algunos pronósticos privados y unos cuantos oficiales que, estos días, ponen el comienzo del repunte económico en el segundo trimestre de 2019 y de seguido tejen especulaciones sobre los efectos electorales.

Lo primero es decir que se comparará contra una caída de la economía del 4,2%, o sea, con la del mismo período de este año. Luego, que el crecimiento debiera ser superior al 4,2% de modo de no quedar un piso más abajo que el ya bajo nivel de 2018. Y finalmente, que la mejora resultará desde muchos puntos de vista imperceptible para la mayor parte de la población.

Dice un analista: “Seguro que el interior de Buenos Aires estará mejor o mucho mejor que el Conurbano, por más que se quejen los productores agropecuarios. Y lo mismo pasará con lugares de Córdoba y Santa Fe, si Brasil absorbe producción nacional de autos en cantidad. Un cantar diferente puede sonar con las ventas al mercado interno, pero, eso sí, ningún drama con el negocio financiero”.

Está claro que el déficit fiscal cero y la emisión monetaria cero, las súper tasas, la podadora de obras públicas y, al fin, el acuerdo con el Fondo Monetario que les coloca el moño no serán justamente expansivos. Provocarán más bien lo contrario.

El objetivo evidente detrás de la movida es un ajuste que, en el hecho mismo de poner las cuentas en orden, contribuya a aventar el fantasma del default. Y a través de una medicina definitivamente dura, coronar ahora lo que había fallado durante el primer intento: conseguir que la Argentina -pública y privada- cumpla con los requisitos para acceder al financiamiento internacional y afrontar los compromisos que asuma.

La plata del FMI desahoga y cubre las obligaciones hasta fines del año próximo, solo que no resuelve los problemas de fondo; esto es, las dificultades que el país tiene para generar sus propias divisas.

Algo se habrá avanzado, en caso de que se cumplan un par de pronósticos privados. Uno es que en 2019 logre consolidarse el superávit comercial que, después de una veintena de rojos consecutivos, apareció en septiembre. Y el siguiente, que en el primer trimestre retornen los capitales aunque sean dólares puramente financieros.

Tres condiciones bien del mundillo económico aportan aire a los pronósticos: recesión más devaluación al primero y un repliegue de los índices de precios, en el segundo.

Un dato extra, por si no termina de entenderse qué hay en juego. Con gran parte del paquete del FMI ya gastado, en 2020 el Gobierno precisará US$ 16.000 millones y debe iniciar la búsqueda en medio de la puja electoral. La apuesta es a una baja del riesgo país, o sea, a pagar una tasa de interés que no sea alguna cercana al 10% en dólares que tocaría hoy.

Y en tren de ambiciosos objetivos oficiales, uno que para los expertos roza la fantasía: emparejar en 2019 el balance comercial energético, gracias al creciente empuje de Vaca Muerta. Parece demasiado pensar en el fin de un déficit que desde que arrancó, a fines de 2011 y en pleno cristinismo, implicó perder nada menos que 31.900 millones de dólares. Y también, un récord de récords: importaciones por 6.900 millones en sólo un año, 2013.

Parientes directos de semejante descalabro fueron el cepo cambiario, el cierre de compras al exterior y los manotazos a las reservas del Central. Así no sean iguales, las restricciones externas siguen coleando. 


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